Los problemas personales son, en realidad problemas sociales. Silo 1986

Yo creo que podemos ayudar a la gente más, si la ponemos en contacto con un trabajo conjunto que si la ponemos simplemente en contacto con su propia problemática. Porque poner a la gente en contacto simplemente con su propia problemática, porque así es esta subcultura que se ha formado, lo lleva más en la dirección de lo terapéutico que en la dirección de la dinámica. Está asociado esto de que si yo voy a desenrollar un lío interno, estoy curándome de algo, de algo que me pasa a mí, y no que es producto y es reflejo de todo un sistema mentiroso y...
Esto es bueno saberlo, y es bueno que la gente sepa que tiene problemas personales y todo aquello, pero que no atribuya tanto sus problemas personales a su cosa particular, sino que sepa engancharlo con lo que va pasando en el medio en el cual le toca vivir. Así que esto de hacer tomar contacto a la gente con su propio problema, esto que la gente no quiere saber y que se escapa, eso es de interés siempre y cuando se lo ponga en contexto, que estos problemas existen en cada cual, así es, pero si profundizamos simplemente el problema de cada cual y ahí lo dejamos, todo trabajo en esa dirección va a sonar a terapia. Y no es la intención de que esos trabajos tengan que ver con esa terapia. La intención es destacar a la gente que esos problemas personales no son tan personales, sino que tienen que ver con la acción del medio en el cual se vive.

Está bien tener en cuenta los problemas biográficos, está bien tener en cuenta los problemas de situación que cada persona experimenta.. Pero eso, que cada uno lo va a interpretar como un problema personal, normalmente tiene que ver con una situación que de ninguna manera es individual. Que tiene que ver con el medio y con la situación que se está viviendo.

Hacer caer en cuenta de semejante cosa creo, es un gran avance. Y orientar la dirección de la gente en hacer caer en cuenta de que sus problemas personales no se resuelven simplemente en lo personal, como si fuera una cosa terapéutica, sino que se resuelven en la medida en que se entienden en un conjunto, en un Sistema en el que se vive, en un Sistema de relación y de situación. Será un gran avance si podemos poner semejante cosa en marcha, esa toma de conciencia, sus problemas personales que parecen tan personales, no son tan personales.

Así como su yo que es tan yo, suyo, y depende de cosas de afuera, así también sus problemas personales son menos personales de lo que usted cree

El duelo, de Dario Ergas


Tomado de: Smplemente compartiendo temas, de Susana Rubio Nomblot

La presencia
A estas alturas de mi vida ya puedo sacar una constante respecto a las presencias que se experimentan frente a la cercanía de la muerte. La presencia de la persona amada en los días, semanas y hasta meses, posteriores al día de la muerte es una experiencia difícil de relatar.
No estoy sólo, ella está por ahí, mas bien por aquí y me acompaña donde vaya. Poco a poco esa presencia se va diluyendo, pero sin darme cuenta, en cualquier momento, un olor, un gesto, un algo, hace que se entrecrucen los tiempos y estoy en presencia de la presencia. Algo así como un fantasma. Digo a esta altura de mi vida, porque lo he podido experimentar en distintos funerales. No sólo en el de mi pareja. Allí estaba la presencia de mi abuela, de la Nona, de la Ena, de la mamá del Oscar, de la Peli, del Salva, a veces puedo sentir la presencia del Mauricio cuando estoy cerca de Gloria, su mamá, del Iván, la María del Carmen en Ecuador... Las presencias, pueden ser ilusiones sicológicas, pero ilusión o no, en los momentos posteriores a la ocurrencia de la muerte, allí está esa presencia. Prefiero hablar de presencias y no de fantasmas. Un fantasma me da la idea que de algún modo el muerto interactúa en el mundo físico. Mis presencias para nada, sólo están presentes, el ambiente está lleno con ella, no están en un lugar físico, sino que me acompañan en todos los espacios en que me muevo. Son tan fuertes, que siento la cercanía de esa persona fallecida, con más intensidad que a los vivos, cuya presencia física está allí y me tropiezo con ellos y me conversan y me interrumpen.

El aparecimiento de los antiguos temores
Esa presencia no me molesta al contrario, quisiera que no se fuera jamás. Pero el tiempo pasa y algo me dice que debo dejarla partir. Algo me dice que no está bien que la retenga. Si me resisto y la retengo, algo empieza a afectarse en mis relaciones cotidianas, en mis afectos del día a día empiezan a perder interés o intensidad. Algo deja de funcionar, entonces me armo de ánimo para despedirme de mi persona amada.

Experimento entonces una fuerte contradicción, porque no quisiera que se vaya, pero pertenece a otro mundo; no puedo vivir en este mundo con eso tan presente, y mi ser querido tampoco podrá continuar su proceso conmigo reteniéndolo en el aquí, en el ahora.

“No quiero que te vayas, no quiero que te vayas. Tengo miedo. Quién me ayudará a decidir la ropa que debo ponerme, existirá alguna mujer con la que me atreva a hacer el amor, tan sólo proponérselo me da pánico. Podré cuidar a mi hijo, seguro que sí, pero podré hacer alguna otra cosa aparte de cuidar a mi hijo”.

Cuántos conflictos aparecen cuando se va la persona amada. Todos los conflictos que con mi madurez había superado, allí están de nuevo como si volviera a la adolescencia. Entonces me doy cuenta que no estaban superados, estaban ocultos o compensados gracias a esa persona que partió de este mundo. Esa dificultad para tomar decisiones en cuestiones cotidianas, las tomábamos juntos, pero al no estar ella, la indecisión vuelve como si tuviera 18 años. Entonces sufro, pero sobre todo sufro por los temores que resolvía, sin yo darme cuenta, la persona amada.

El resentimiento
Entonces me enojo, me enfurezco y me resiento. Cómo te vas y me dejas sólo. En el resentimiento descubro que mi enojo no se debe a tu partida, mi enojo se debe a mis problemas, que no se como enfrentar, a eso que no se resolvió internamente, sino que el otro lo resolvía y por ello yo creía que esa problemática había desaparecido.
Allí está develado mi resentimiento, que no es con su partida, sino con mis propios problemas, que ahora decido enfrentar. No importa si los resolveré algún día, pero lo intentaré y los pondré ante mis ojos para lograrlo. Entonces agradezco, por la ayuda que me dio la persona amada, y también por la ayuda que me sigue dando ya que al no estar ella, yo tendré que crecer.

Los pactos con el mas allá
Pero hay pactos que continúan. Pactos que la muerte no detiene y continúan. Pactos tomados en vida y que ahora tenemos con el mas allá. ¿Estaré educando bien a mi hijo, a nuestro hijo? ¿Te sentirás orgullosa de lo que hemos hecho? ¿He cuidado bien a los tuyos?
¿Te seré desleal si encuentro una nueva pareja?

La repetición
He aquí el duelo:
La presencia… y la vida continúa.
Mis problemas de juventud que vuelven a aparecer… y la vida continúa.
Mi enojo por tu partida… y la vida continúa.
Los pactos que trascienden la muerte… y la vida continúa.
La vida continúa y pasa y a veces el sinsentido me envuelve.
La vida continúa y pasa y a veces todo esto se repite como si un alimento mal comido regurgitara.

En esta repetición me detengo un momento a reflexionar. Qué es realmente la muerte, que sentido tiene la vida, si todo termina con la muerte. ¿Termina todo con la muerte?

Lo trascendente
De repetición en repetición un día nos reunimos un grupo de amigos a intercambiar nuestras experiencias con nuestros duelos. Fue en Sao Paulo, en un restauran japonés. Uno por uno mis amigos relataron sus encuentros con sus seres queridos fallecidos. Escucharon bien, “encuentros con sus seres queridos fallecidos”. Encuentros que habían sucedido en sueños, otros como mensajes o como comprensiones indubitables y otros encuentros bastantes perceptuales por los relatos que hacían. Yo los escuchaba y me desestabilizaba.

Entonces me acordé en una de esas repeticiones del duelo en que me encontré en un profundo sinsentido. Estaba muy mal, no sabía como salir del hoyo en que me encontraba.
Despierto en medio de la noche, me siento en la cama y escucho la voz del ser querido que dice “conecta con el sufrimiento humano”. Me pareció escuchar su voz, como viniendo de afuera. No me pareció una voz interna, si no mas bien externa. Pero por supuesto que era un sueño, sólo que mas intenso que lo habitual. Al otro día la frase resonó en mi y fui siguiendo esa pauta que me reconectó con mis emociones, con la gente y con el mundo hasta sacarme del sinsentido.

Lo había olvidado, lo dejé guardado en el archivo de lo habitual y ahora, a la luz del cotejo de otras experiencias lo rescaté del olvido.
Volví de Sao Paulo decidido a tener un encuentro intencional con mi ser querido muerto hace años. Comprendí que era necesario ese encuentro para mi duelo, para ponerle fin, o al menos para pasar a otra etapa.
Me fui a un lugar tranquilo, afuera llovía a cántaros, adentro, una silla, un cuaderno, un lápiz y la soledad. Pienso en que preguntas me gustaría hacerle a esta persona querida, si me encontrara verdaderamente con ella. Cierro los ojos, estoy muy tranquilo, y dejo que mi imaginación me lleve a ese lugar en donde la puedo encontrar. Allí un mirador que abarca el valle y la montaña. Me acerco, saludo, se que es mi imaginación pero me conmuevo. Las lágrimas de mis ojos, nublan mi razón y ya no estoy tan seguro si es mi imaginación.
Pregunto en voz alta mi primera pregunta y ella responde. Mi segunda pregunta y ella responde, sigo haciendo preguntas en voz alta y escuchando respuestas en silencio. A veces escucho mi llanto, a veces de dolor, a veces de emoción. Ya agotado con el alma liberada, me despido.

Tomo mi cuaderno y anoto toda la experiencia.

Fue o no fue mi imaginación o capté algo trascendente que respondía mis respuestas. En todo caso, esta experiencia me hizo perder un poco la fe en la muerte y fue el inicio de una búsqueda de lo trascendente.

Dario Ergas
www.darioergas.org

Entrevista a Dario Ergas: "La acción transforma la conciencia"

El laberinto de la mente.

- ¿Tiene este libro, el tercero que escribes, alguna relación con los dos anteriores? ¿Hay acaso un hilo conductor que vas desarrollando para salir del laberinto de la mente?

– Esta pregunta ha sido un hilo conductor de mi vida. Podría seguir escribiendo un cuarto y quinto libro, sin poder completarla. Es como si lo respondiera para ciertas etapas, para ciertas situaciones y para ciertos ángulos. Busco transmitir lo que he aprendido con la pregunta, no necesariamente la respuesta. Solo hacerse la pregunta desestabiliza, y enfrentarla requiere cierta valentía, que nos enseña cosas, y esas cosas trato de comunicar. Imagino a mi lector, que es mi interlocutor, rescatar de allí algo que le permita avanzar más lejos que lo que yo he llegado. Tiene ese sentido de comunicación, de diálogo y de que ojalá le sirva a alguien para salir de algún empantanamiento y llegar más lejos aún.

- ¿En qué tipo de categoría pondrías tus libros?
– De diálogo espiritual, conmigo mismo y con una co-presencia que es el lector. Al profundizar en mí, trato que el lector pueda tocar ciertas zonas de sí mismo. Es un diálogo extraño pero es un diálogo, al fin.
Mis libros estarían clasificados en espiritualidad, incluso psicología y espiritualidad, porque tienen tesis filosóficas y psicológicas que están sustentando la experiencia espiritual de la que hablo. Me apoyo mucho en la psicología de Silo, y esa psicología tiene un sustento muy concreto; en lo que se refiere a psicología de los impulsos, de la imagen, del espacio de representación y las estructuras de consciencia dadas por los desplazamientos del yo; precisamente es la estructura de la consciencia inspirada lo que permite la comprensión de las realidades más profundas y vitales. En el libro se incursiona con mayor profundidad en el tema de la acción; en definitiva qué hacer con la vida y cómo se justifica.
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La psiquiatría en Francia: negación de la locura y domesticación del sujeto - extracto

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Por Patrick Coupechoux - Publicado en Agosto 2010
...Para retomar nuestra idea del comienzo, el discurso del Presidente de la república consagrado a la enfermedad mental constituye una aceleración violenta, pero lógica, de una política de desmantelamiento progresivo de la psiquiatría de sector, que ha conducido al abandono de cada vez más pacientes, en la cárcel, en la calle, en los hospitales, donde el tratamiento se resume a menudo a la medicación, en el seno de la propia familia que ya no sabe que hacer. Pero más profundamente, se asistió a una verdadera negación de la locura, que no existe más en el discurso público -mediático, político, intelectual-. En el fondo, esa negación se nutre de la dominacióndesmesurada de la psiquiatría biológica que considera la locura como una enfermedad del cerebro o como un problema de origen genético. Esta concepción cientificista conviene a los laboratorios farmacéuticos -ya que los medicamentos constituyen, por lejos, lo esencial del “tratamiento”- y a los mercaderes de las terapias “rápidas y eficaces”. Pero por sobre todo, se trata de “objetivar” al paciente que no es más un sujeto, sino un cerebro a escanear, o un mapa genético que hay que descifrar. Esto permite volver a poner la solución en brazos de la “ciencia” y desentenderse del tratamiento concreto: ¿por qué gastar dinero en gente cuyos problemas, un día u otro será resueltos por la investigación? Quedarán pendientes, que la acción social se ocupe.
Actualmente en Francia, la locura no es una posibilidad, una manera de ser de lo humano, sino una discapacidad, un déficit, que se puede medir en relación a una normalidad social, la del mercado. De hecho, se va a constituir una escala en la que se podrá evaluar la capacidad del discapacitado a reinsertarse -es decir ser útil al sistema-. Para ser más claros, basta con referirse a la definición de discapacidad para la OMS, que distingue tres modalidades: la deficiencia designa las alteraciones referidas al organismo, la incapacidad corresponde a la reducción de ciertas grandes funciones del cuerpo y la desventaja registra el impacto global de las incapacidades sobre la vida social de los individuos. Una definición que toma como referencia única la necesidad de reinserción y que, sobre todo, clasifica a las personas en función de este objetivo. Así, a lo alto de la escala podemos encontrar aquellos que tienen el coraje y la posibilidad individual de salir, más abajo aquellos que no pueden hacerlo y quedan librados al abandono y la exclusión. En cuanto a la psiquiatría -muy ligada históricamente a la locura- debe ceder el lugar a un nuevo “paradigma”: la “salud mental”. Este concepto ha sido recuperado por el sistema -el del capitalismo neoliberal, hay que decirlo claramente- para hacer frente a una problemática nueva, tal es la del sufrimiento psíquico de masa. Para convencernos de esto, es suficiente pensar un poquito en lo que pasa hoy en las empresas en las que las exigencias de rentabilidad, de competencia, de sometimiento a las leyes de las finanzas dejan a hombres y mujeres aislados y obligados a competir. Estas personas terminan en los consultorios de los terapeutas en el mejor de los casos, o a veces se suicidan.Según la Comisión Internacional del Trabajo, los problemas ligados al malestar en el trabajo, representan, actualmente, el 3% del PBI de los países industrializados. Frente a este fenómeno preocupante -cuesta caro y a la larga se aprovecha la maquinaria- el sistema tiene una actitud ambigua. Debe por supuesto hacer frente, a fin que el comportamiento social no sea puesto en cuestión, pero al mismo tiempo esa situación le sirve al sistema: una persona medicada con antidepresivos ahogada en sus problemas, no se interroga espontáneamente sobre las causas de su malestar. Por el contrario, tiene tendencia a personalizarlos, a interiorizarlos. Los profesionales que reciben a los pacientes en consultas de sufrimiento del trabajo están todos de acuerdo sobre este punto: en principio se trata de desculpabilizarlos. Hacer frente y evitar la toma de conciencia, es el dilema en el cual el sistema se encuentra y su respuesta, por una parte espontánea, por otro lado muy pensada, consiste en la medicalización e individualización de los problemas sociales.
Por otro lado, si se sufre en el trabajo, es porque se está comprometido -eso está bien- entonces pondremos en escena psicólogos y médicos para ayudarlo, enseñaremos la diferencia entre el mal y buen estrés -ese que hay que “saber manejar” para servicio de la empresa-. Si usted es un desocupado de larga data, es probablemente porque forma parte de los “más frágiles” -poco importa si su empresa ha sido relocalizada y si no hay trabajo en su región-. Usted debería, tal vez, consultar. De ahí a decir que la pobreza es una enfermedad, en la tradición higienista, no hay más que un paso. De ahí a pensar que los genes son responsables de todo -y la visión cientificista dominante ayuda- no hay igualmente más que un paso que dio ligeramente el Presidente Nicolás Sarkozy. Durante un diálogo con un filósofo, publicado por una revista, declaró: “Me inclinaré a pensar, por mi parte, que se nace pedófilo, y es realmente un problema que no sepamos curar esa patología”.
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Aportes de Silo al campo de la psicologia, por Dario Ergas

Aparte de la conferencia que dictara en diciembre de 2010 Darío Ergas en la Facultad de Ciencias de la Conducta de la Universidad Autónoma del Estado de México con ocasión del 19avo aniversario del CESPI.

"...Esta suerte de mirada que llamamos yo y que se nos presenta ilusoriamente como el centro de toda la conciencia, se desplaza en el espacio de representación, según el nivel de conciencia, como acabamos de ver en el ejemplo del sueño, pero también se desplaza en distintos estados de conciencia. En el ensimismamiento por ejemplo, el yo se interioriza y el mundo nos parece muy lejano, en cambio en los casos de de cólera y de emoción violenta el yo se exterioriza perdiendo distancia entre el yo y el mundo. Comprobamos así que el yo siendo clave para la coordinación de las funciones del siquismo en relación al mundo, se desplaza por el espacio de representación, dando lugar a distintas estructuras de conciencia.
La muerte, la representación de la finitud, siempre es la representación de la finitud del yo, y tenemos el problema que el yo, una mirada de la conciencia que adquiere identidad e ilusoriamente se confunde con la totalidad de la conciencia, al imaginar la muerte, no la imagina solamente como la muerte del yo, sino que la imagina como la muerte de la totalidad de la conciencia.
En diferentes casos de trance y de hipnosis se experimenta la sustitución del yo por una entidad que toma a la conciencia. Otra representación, la de un espíritu, o la de la voluntad del hipnotizador, sustituye al yo habitual. Pero también es posible en ocasiones especiales y por instantes muy breves, que ese desplazamiento del yo, lleva a una suspensión total de su actividad, y entramos en un estadio de silencio del cual nada sabemos ni podemos saber, pero trae como consecuencia la inspiración de la conciencia, la comprensión súbita, el amor o un significado que necesito llevar al mundo..."

Indicadores del nacimiento y desarrollo del espiritu

  "El hombre puede lograr la inmortalidad 
si elimina sus contradic­ciones formando el espíritu. 
Pero si no logra esto, tampoco hay mayor problema
 por cuanto muere definitivamente y no está sometido
 a premios ni castigos de ultratumba.
Para un hombre que no cree en el espíritu y vive en la contradicción, 
 su pre­mio o castigo está en la vida física"
.

Extracto de la monografia: El Doble y el Espiritu":

..."Yo creo que si recuerdo el momento en que estaba buscando algún tipo de respuesta que a mí me encajara, estuve varios años buscando, leyendo libros, buscando en distintos grupos y cuando leí por primera vez los libros de Silo sentí una conmoción. No estaba haciendo ninguna experiencia, simplemente estaba leyendo, pero había lanzado un acto de búsqueda y al leerlo me encajó tan intensamente que produjo un cambio en mi vida. Reconocí que eso era lo que estaba buscando. Ese fue un indicador. Es como cuando en las religiones hablan de la conversión. Claro, unos se convierten en una cosa, otros en otra, pero desde el punto de vista de la experiencia la conversión es el reconocimiento de un camino, es el nacimiento de algo diferente a lo cotidiano. Ese es un indicador. A medida que pasó el tiempo, seguí trabajando y había momentos en que esos registros se fueron incrementando hasta por ejemplo llegar al desarrollo de la Disciplina en la que en los pasos finales sientes la cercanía del contacto con algo que te trasciende. Eso corresponde y lo puedo reconocer como algo que está en marcha que me hizo reconocer en esto mi vía, este camino, son indicadores. No tiene que ver con lo epocal cotidiano, es como si fuéramos a lo esencial. Cuando he reconocido a veces leyendo algún texto del Tao Te King reconozco esa profundidad y en esa profundidad reconozco algo que es trascendental, que no es cotidiano, no forma parte del paisaje habitual, no es epocal tampoco, que conecta con algo profundo y lo profundo es toda una acumulación.

Entonces el nacimiento, cualquiera de esos momentos puede tomarlo como indicador si es lo suficientemente significativo, significativo en el sentido de que da dirección a tu vida, no solamente actual, sino futura, ese nacimiento está conectado con un más allá. No hay tal muerte, hay un cambio de la estructura psicofísica y eso que está en marcha sigue procesando en otro espacio tiempo, un espacio tiempo que puedes experimentar en esta vida, no necesitas morirte, puedes experimentarlo, no directamente, no puedes voluntariamente hacerlo, sino que tienes que hacerlo de un modo tratando de saltar las dificultades que pone el sistema psíquico como está organizado mecánicamente funcionando, entonces al tratar de silenciar el yo, de silenciar los mecanismos habituales, y dejar que esa profundidad se exprese en silencio, podría ser que entres en ese tipo de vivencias, vivencias que no puedes captarlas con los órganos sensoriales, pero sí puedes captarlas. Es como con los electrones. No puedes ver los electrones, ni con un microscopio, ni con nada. Entonces dices, ¿de qué estamos hablando?, no puedes ver los electrones, los átomos, pero ves ciertas señales, ciertas trazas que dejan, como no ves ciertos planetas, pero ves rastros, señales, que indican que hay  algo y dices “aquí hay algo”. Igual no puedes ver el espíritu, pero puedes observar las trazas que deja, las señales que aparecen como traducciones de esos mundos en los sueños, en semisueño, en vigilia que aparecen como intuiciones, ocurrencias, como inspiraciones que salen como de la nada, no sabes de dónde vienen, pero vienen de ese espacio que no tiene representación, pero que está conectado y que al traducirse ves las señales y es como si recibieras mensajes. Como los criptógrafos tienes que descifrar esos mensajes e interpretarlos y poder diferenciarlos de las señales que tienes en la vida cotidiana y vas organizando una especie de leyenda de esos mensajes, de esas señales que vienen en determinados momentos de tu vida.

Y en otros momentos en que intencionas más, tienes más señales y entonces empiezas a comunicarte con ese espacio de un modo indirecto, porque no puedes hacerlo directamente con tu yo, no puedes hacerlo con tu sistema psíquico voluntario, entras como por rodeo, dejando que eso se exprese. Es una paradoja. No puedo acceder a ello, tengo que quedarme en silencio para que eso otro pueda manifestarse porque si no, no puede manifestarse, Al manifestarse, yo dejo que se manifieste y espero a los “traductores” por así decirlo, que me traduzcan eso y empiezan a llegar informaciones, tomo nota de esas traducciones, las anoto y las reconoces porque tienen significado, no son simplemente traducciones, sino que vienen con su código, con su significado y ese significado tiene encaje para ti, si no, no vale"
...

Papel del fuego en la transformaciôn del mono en hombre

¿Cuándo aparece el ser humano? Se pierde en los millones de años. Pero sin embargo hay momentos en el proceso que indican claramente la aparición de señales de lo humano a diferencia de los animales. Anteriormente también las había, pero está más confundido con el mundo natural, el mundo animal. Pero cuando aparece el fuego por ejemplo, hay un cambio muy grande en el sentido que cuando el ser humano se decide a usar el fuego está yendo en contra de sus principios de conservación, porque ningún animal trata de acercarse al fuego, todos huyen. Cuando el ser humano, por los motivos que sean, ha sido capaz de acercarse al fuego está haciendo algo que no hacían todos sus antepasados, está yendo en contra, porque hay un peligro y no le importa, no está siguiendo las reglas de la naturaleza, sino está siguiendo otra cosa. Eso ya es una manifestación de otro principio, que estaba antes, pero aquí se evidencia. Digamos, hay una trasmutación y ya hay una señal claramente de que el ser humano se manifiesta como tal, como una intención que no es natural, que es trascendental.

tomado de: 
Entrevista a Eduardo Gozalo, Maestro Disciplina Material,  septiembre 2011 Parques de Estudio y Reflexión Punta de Vacas. Extraído de la Monografía “El Doble y el Espíritu” deMadeleine John, 2014