Qué hay despues de la muerte (charla de Silo, 1983)


---" Hay un Doble y eso se da por sentado. Este Doble está registrando todo lo que pasa durante la vida como si fuera una especie de... él la nombra “copia de carbón” o fotocopia del cuerpo y todo lo que le pasa a uno se registra allí. No solo esto, sino también las características con las cuales uno nace están allí, grabadas en el Doble. Porque ahí surge un problema bastante serio, que sería... ¿en que términos podríamos hablar de justicia humana si uno efectivamente no conoce las condiciones que se han dado a una persona? Por ejemplo, nace una persona coja, otro ciega o con un desarrollo intelectual muy bajo, o muy alto; uno nace en una situación ambiental de un cierto modo, otro en una situación totalmente desfavorable, otro en el medio de un campo. ¿Es distinta la cosa no?, la capacidad que uno tiene de desarrollo, y entonces de qué manera podemos juzgar a una persona, ¿dónde está la justicia?, son preguntas que ustedes se habrán hecho mil veces...."

Esquema energetico, niveles de conciencia y trabajo con la fuerza

 

"...Cualquier aprendiz de Adivino de cierta sensibilidad, advierte que para operar más o menos correctamente debe producir un “corrimiento“ del estado de vigilia ordinaria y para ello es que (aunque despierto) se coloca en actitudes corporales relajadas, cambia el tono respiratorio, entre cierra los párpados y conecta con sus sensaciones cenestésicas tratando de amortiguar los mecanismos propios de la vigilia y los estímulos del medio. La práctica sostenida de tal actitud lleva al trance autohipnótico propio ya de algunos médium que provocan, efectivamente, las manifestaciones paranormales más sorprendentes.
            Está luego el caso de la manifestación extraordinaria en plena vigilia pero que surge súbitamente con total independencia de la voluntad del sujeto. Los casos conocidos como “telepatía”, “precognición”, “impregnación”, “telekinesia”, etc., son actos particulares del mismo fenómeno de exteriorización de campo que dependen de la sobrecarga energética en el centro superior. Los llamados “desdoblamientos” y “materialización” aparecen como los casos máximos de mayor pureza de exteriorización de campo. Ellos sobrevienen en las proximidades de la muerte violenta o en las anestesias profundas cuando peligra el cuerpo... también, en casos de mediumnidad avanzada.
            Los registros subjetivos que hacen en general los ocultistas sobre sus “proyecciones astrales”, sus “viajes” y “vuelos nocturnos” a grandes distancias, etc., pertenecen más bien al terreno de la alucinación (cuando no de mala fe), no requiriéndose para interpretar los conocimientos superiores a los que da la sicopatología.
            Por la relación de campo con los centros y sus actividades, comprendemos la importancia del trabajo armónico de todas las funciones en el ser humano. El trabajo de uno o varios centros en desmedro del trabajo de otros. La contradicción entre intelecto, emotividad, motricidad y sexo, provoca desarticulación en el campo y también disfunción corporal. La mayor consecuencia que puede extraerse de todo esto, es que: los actos unitivos armonizan y le dan cohesión al campo operando todo él en sentido centrípeto. Los actos contradictorios disocian el campo, operándose fuerzas centrífugas desintegradoras del conjunto.
            Al hecho de unificación del campo en torno a un centro de gravedad le damos importancia preeminente en el trabajo. Todo el trabajo tiende a la formación de ese “algo” nuevo, que no es sino la unificación del campo....

La forma mental (Silo)

     Al producirse la ruptura de la forma mental, por transmutación, desaparece el “yo” sicológico. La idea de inmortalidad nada tiene que ver con la pervivencia del yo sicológico después de la muerte del cuerpo. El yo sicológico también desaparece, porque su existencia corresponde a este plano del ser y el paso a otro plano de ser, implica la transformación del referido yo.
     Como aproximación se puede pensar en lo que se siente en los casos de alegrías inmensas, y si recuerdan, verán que el observador desaparece, que el yo se borra para proyectarse en todas direcciones y consustanciarse con tal estado.
     Los matemáticos creen que pueden crear un sistema universal de comunicación entre los hombres, utilizando un lenguaje matemático, el que sería común a cualquier especie de cualquier planeta o sistema. Ello no es posible, porque si la estructura básica del siquismo de las especies es diferente, no existiría ningún sistema posible de comunicación entre las especies, porque sus percepciones y mecanismos de conciencia serían completamente distintos para estructurar los mismos datos, que incluso podrían ser percibidos por unos y otros de distinta forma.
     La forma mental se vincula con las profundidades más profundas del ser humano, incluso con el sistema de reflejos incondicionados (entre ellos el instinto de conservación).

Acerca de la psicologia del nuevo humanismo

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La modificación del trasfondo sico-social. SILO 1982

de Manuel Hidalgo, el miércoles, 27 de octubre de 2010 a las 17:46
"..., es que debemos proceder y con cierta urgencia, a lanzar al escenario sico-social, un argumento con imágenes precisas, que cuenten con el motor de la convicción, que permitan introducir elementos transferenciales, y que eludan las resistencias de los trasfondos culturales."     
 Río de Janeiro, 4 de Enero de 1982

"La enseñanza de hoy deberá concluir en una propuesta de acción a futuro. Se basará en las necesarias referencias doctrinarias, sin pretender profundizar teoréticamente sobre ellas. Más bien tales referencias estarán al servicio de un análisis, luego del cual se extraerán ciertas consecuencias de urgencia.     Entraremos en materia, refiriéndonos a nuestro conocido tema de las tres vías del sufrimiento, afirmando de inmediato que él nos lleva directamente a la analítica de la representación. En efecto, descartando la representación de memoria y de la imaginación, el sufrimiento no podría ser registrado. Tampoco podría registrarse el deleite, y en fin, el ser humano quedaría limitado a fenómenos de dolor y placer de tipo animal, sin más consecuencias que esas.     
Sin embargo, al poco tiempo se encontraría nuevamente con un sistema de reflejos codificados a nivel vegetativo y motriz, que comenzaría a actuar como una suerte de memoria supletoria y de imaginación supletoria. Así complejificándose cada vez más hasta lograr un nivel similar al de trabajo de conciencia normal, con sus respectivas vías tal cual las conocemos. Hasta podemos suponer, invirtiendo nuestro desarrollo, que ese proceso de reflejos animales ha llevado a seres menos avanzados a lograr con el tiempo el fenómeno de la conciencia humana.     
No es posible detener la representación con el objeto de superar el sufrimiento, mientras se efectúan operaciones cotidianas. Y si fuera posible, se detendría con ello, el crecimiento de la conciencia.     
Por otra parte, siendo la representación una imagen de respuesta, también quedaría paralizada la actividad en el mundo. Por esto cuando hemos explicado el problema del sufrimiento, también hemos indicado como salida y superación, no la eliminación de la representación, sino la modificación de la misma.     
Se puede, mediante trabajo interno, modificar un caso particular de representación. Todos sabemos que esto es posible. Quien más quien menos, habrá hecho sus avances utilizando las técnicas adecuadas. Por otra parte, al modificar un caso particular de representación, también habrá modificado un caso particular de conducta. Habrá logrado superar resistencias opresivas o transferir cargas y contenidos productores de sufrimiento.     
Pero no por ello habrá modificado su sistema general de representación y su conducta general frente al mundo. Esa modificación general la habrá ido produciendo a lo largo de un proceso que trascendió a las simples técnicas transferenciales.     
Toda representación individual forma parte de un sistema de representación más o menos co-presente, que varía de acuerdo a las condiciones de los datos de memoria. En otras palabras, que una respuesta al mundo movida por una representación particular se produce suscitada por un estímulo y ha sido seleccionada de un campo de co-presencia entre muchas otras representaciones posibles. De este modo, el sistema de co-presencias, en más de un sentido determina la conducta global de individuos y conjuntos humanos. Una sociedad por ejemplo, cuenta en sus individuos con un trasfondo que pone las condiciones de co-presencia, de entre las cuales se dan opciones de respuesta como casos particulares de conducta.     
El trasfondo sico-social está impuesto por un código informativo de distintos niveles de lenguaje, o si se quiere, de distintas regiones del sistema de co-presencia adquirido desde los primeros pasos del aprendizaje. Se obtendrán entonces respuestas muy tipificadas en sociedades cerradas y respuestas más variables en sociedades en cuyo trasfondo se fueron incorporando datos de otros ambientes culturales. El entrecruzamiento de culturas, a medida que se desarrolla, impondrá nuevos elementos al trasfondo de cualquier sociedad, de manera que ésta empezará a responder conductualmente fuera del paisaje inmediato en que le tocó desarrollarse inicialmente.     
Desde luego que no sólo las sociedades cerradas se verán afectadas por ese nuevo fenómeno de interpenetración cultural. También las ideologías y las religiones, como formadoras y conservadoras de trasfondos sociales, recibirán el impacto. Y por cierto, que así como sociedades más fuertes invadirán el espacio sico-social de las más débiles, éstas terminarán provocando modificaciones en sentido inverso, siempre y cuando no sean esterilizadas totalmente antes de ser invadidas.     
Hasta qué punto una sociedad puede ser cerrada, o hasta qué punto una ideología o religión, hoy puede impedir la interpenetración de co-presencias, es tema de discusión. Pero en todo caso, el sólo hecho de la utilización de tecnología, aunque fuera utilizada con intereses limitantes, llevará a la interpenetración final. Esto será así, porque aún los objetos tecnológicos son productos de conductas sociales que responden al mundo desde un sistema de representación. Y todo ello sin tener en cuenta, que tal tecnología abre las conciencias a la comunicación planetaria.    
 Aún descartando las comunicaciones cada vez más veloces, las telecomunicaciones y el contacto entre personas de regiones distintas, (cosa por otra parte imposible), una pretendida sociedad cerrada, comenzará a modificar su sistema de co-presencias por el trabajo de los nuevos elementos tecnológicos. No será necesario ni la lengua, ni el arte, ni el deporte. Bastará el solo objeto tecnológico para llevar cifrado en él, el trasfondo de la otra cultura que se quiere negar.     El trasfondo se va integrando por la acción que se efectúa en un paisaje y por la educación que se recibe del medio. Pero puede modificarse, al aparecer objetos elaborados en paisajes ajenos, sobretodo si se comienza a trabajar con ellos en el paisaje propio. Por otra parte, según avanzan hoy los acontecimientos, ya no se puede designar con propiedad aquello que sea el paisaje propio. Esto es lo que sucede empíricamente a nivel sico-social.     
Pero nuestra preocupación se refiere a la modificación del trasfondo sico-social, en aquellos aspectos negativos que se van incorporando y acumulando en todas las culturas por este acelerado proceso de intercomunicación actual. Sabemos cómo empíricamente opera la formación y modificación de trasfondos. También sabemos como modificar conductas particulares, trabajando sobre representaciones particulares. Pero nuestra dificultad está en la modificación del sistema de representación, en la variación del trasfondo en el cual surgen las opciones de representaciones particulares.     
Por ello, la pregunta exigida es ésta: ¿Se puede introducir en un individuo, en una sociedad y en el mundo, un factor que haga variar el trasfondo de representación? Y esta pregunta debe ser acompañada por las siguientes condiciones:     Primera: que ese factor no se introduzca por simple proceso empírico, por simple mecánica histórica, sino por acción meditada, y con la finalidad de desplazar los contenidos que constituyen una amenaza para el desarrollo de la vida.     Segunda: que ese factor se pueda introducir superando las resistencias que ofrecen los trasfondos que se quiere modificar.     
Trataremos de responder positivamente a esta pregunta, sin descartar las dos condiciones mencionadas.    
 Bien, cuando nosotros trabajamos en la modificación de una representación particular, por ejemplo en el caso de las técnicas transferenciales, lo hacemos proponiendo nuevas imágenes que desplacen a la conflictiva. También en casos más complejos, lo hacemos transportando climas indefinidos a nuevas imágenes. En ambos casos, proponemos representaciones que se mueven en un proceso más o menos definido.     
Muchas actividades cotidianas, muchas producciones artísticas, algunas ideologías (en tanto se conviertan en acción), algunos aspectos de las religiones y muchos de los sueños nocturnos, proceden empíricamente a modificar representaciones particulares o a hacer variar el trasfondo en mayor o menor medida. Pero en todos los casos, los fenómenos se producen por la acción de nuevas representaciones.     
Cuando nos proponemos modificar representaciones particularmente negativas, en el caso de personas que queremos liberar de conflictos para que colaboren más eficazmente con nuestra obra, nos atenemos a las técnicas que conocemos, que también incluyen propuestas de nuevas imágenes en un proceso técnicamente llevado adelante.     
Pero nuestro entusiasmo decae, si pretendemos modificar no un aspecto, sino hacer variar su trasfondo de modo sustancial. Y decae porque exige por parte del sujeto una preparación muy grande para comprender la magnitud del cambio que se espera de él. Ampliando los campos, nos veríamos mucho más desalentados, si tuviéramos que provocar transferencias a toda la población, para finalmente obtener de ella modificaciones parciales. Por último, ni siquiera intentaríamos modificar trasfondos en toda esa población.     
Así es que nuestro desaliento aumenta a medida que queremos avanzar hacia los grandes conjuntos, en un proceso transferencial que se pueda reconocer vigílicamente y que para mayor dificultad, transforme no aspectos particulares de representación y conducta, sino que haga variar el trasfondo de dichos conjuntos.    
 Por otra parte, nuestras posibilidades de éxito son mayores en transferencias individuales o grupales, como en el caso de las experiencias guiadas, que en propuestas a conjuntos humanos en los que no presentamos un paisaje transferencial. Aún en nuestras propuestas individuales o grupales, las imágenes que presentamos se colocan a modo de ficción sicológica, ya que a nadie se le ocurre decir que las experiencias guiadas, por ejemplo, son reales. De ese modo, el trabajo tiene una dirección vigílica indudable, pero lo desposeemos del motor de la convicción. Y en el caso de las propuestas a conjuntos mayores, ni siquiera hay imágenes, sino alución a estados internos.     
Hagamos algunas comparaciones grotescas: no es igual prometer un paisaje celestial, que lleva a un estado de paz y bienaventuranza, o una sociedad feliz, que puede ser imaginada con sus implicancias también de paz, abundancia, etc., que presentar un estado como la felicidad o la paz, sin objeto que las motive. Porque cuando un sistema promete “confort”, por ejemplo, tal imagen trae el registro feliz, pero cuando se habla de “la felicidad” como un estado, sin proponer imágenes, se dificultan las cosas. Máxime si a esa felicidad hay que lograrla mediante técnica sicológica, que descarta de por si el “motor de la convicción”.     
Recordemos que la opinión ingenua, es la de que las cosas sicológicas no son reales, como si lo son en cambio los objetos que se prometen, aunque jamás se alcancen.     
Sin propuesta de imagen, no solo hay dificultad para un proceso transferencial, sino que tampoco se da dirección a la conducta hacia el mundo.     
Como contrapartida de las dificultades enunciadas, hemos contado con la ventaja de que al no proponer paisajes, se ha permitido que los actos lanzados sean completados por individuos de culturas diferentes; con la proyección de sus propios trasfondos.     
Por otra parte, se ha calculado sabiamente, que tanto los paisajes que proponían las religiones, como los sistemas y las ideologías se habrían de alterar a corto plazo, por la invasión de los factores inter-culturales, y en ello no se ha fallado, por cuanto esos paisajes desfallecen día a día. Sin embargo subsiste para nosotros el problema de la modificación de los trasfondos y la orientación de nuevas conductas individuales y sociales, si es que no emplazamos propuestas de representación.    
Por todo lo anterior, es que debemos proceder y con cierta urgencia, a lanzar al escenario sico-social, un argumento con imágenes precisas, que cuenten con el motor de la convicción, que permitan introducir elementos transferenciales, y que eludan las resistencias de los trasfondos culturales.     
Sin embargo, la implementación de tal proceso debería comenzar cautelosamente, tomando dinámica propia a partir de un solo individuo que emplazado en algún espacio decisivo, comenzara su acción. Esta cautela permitiría ir efectuando las correcciones del caso sin compromiso para nuestros conjuntos y sin alterar nuestros planes de actividad. Pero, si la acción en cuestión se acelerara a una velocidad mayor que las que estamos obteniendo actualmente, entonces sí deberíamos volcar toda nuestra fuerza en esa dirección"
Nada más.